viernes, 22 de julio de 2016

Cerrado por vacaciones


  Volveremos en septiembre, con más reseñas y recomendaciones. 
         Feliz verano a todos. 

martes, 28 de junio de 2016

Aedi per l'infanzia, de Claudia Lepri



    (...) Solo por esa toma en consideración de la poesía y la ilustración como objeto de análisis absoluto, otorgándoles una prioridad que apenas se da en Italia y tampoco en España, merecería la pena la lectura de este Aedi per l’infanzia. Si a ello le añadimos el exhaustivo análisis que la autora lleva a cabo en las dos partes, el libro se convierte en una muy recomendable y útil lectura para cualquier que esté interesado no solo en la poesía y la ilustración, sino también en la literatura infantil en general 
(...) [A]l leer Aedi per l’infanzia, uno tiene la sensación de que detrás de estas páginas hay un yo verdaderamente sensible y concienzudo que lee y mira exhaustivamente la obra de estos poetas e ilustradores. Un yo que, con este libro, nos permite compartir su visión privilegiada e iluminadora de los mismos.  

(fragmento de la reseña sobre Aedi per l'infanzia, que aparecerá en el próximo número  Anuario de Investigación en Literatura Infantil y Juvenil). 

Lepri, C. (2015). Aedi per l’infanzia. Poeti e illustratori di oggi. Pisa: Pacini Editore
 ISBN: 978-8863159455
295 páginas


domingo, 19 de junio de 2016

El clásico de la semana es...

 
     Las nanas son probablemente la puerta de entrada a la literatura para cualquier individuo, aunque nuestro contacto con ellas se produzca en una época en la que aún no podemos apreciarlas como tal. A pesar de que su fin es apaciguar y dormir a los bebés, estas breves poesías tan ligadas al canto y al movimiento no son siempre melifluas cantinelas que den una visión idealizada de la vida y de la infancia. Antes al contrario, hay muchas nanas en las que se amenaza directamente al niño con personajes fantásticos que encarnan el miedo (el coco, o el diablo blanco en la famosa nana cubana Duerme, negrito), en las que se hace mención a las duras tareas del hogar o en las que se lamenta la ausencia del padre, que trabaja en el campo. Como sucede en tantos otros géneros literarios infantiles, las nanas reflejan de manera ejemplar la sociedad en que nacen y además deslizan determinados mensajes subversivos por debajo de su adormecedora y lánguida musicalidad. 
    El hermoso libro recopilatorio Las más bella nanas del mundo (Kókinos) nos da unas cuantas buenas muestras de ello, ya que recopila nanas de diversos universos divididos en seis partes: Escala africana, Escala criolla, Escala eslava, Escala del jardín del edén, Escala brasileña y portuguesa y Escala asiática. Cada una de estas secciones está ilustrada por un ilustrador distinto, de manera que quedan aún más marcadas las diferencias entre unas traiciones y otras. Como complemento, cada apartado ofrece, antes de las nanas propiamente dichas, una explicación de su historia y sus orígenes. Otro acierto es que las nanas se ofrecen en su versión original y su traducción castellana y, en el caso de aquellas cuyo original está en otro alfabeto (las rusas, las hebreas y yiddish y las chinas), con su transcripción a nuestro alfabeto, para que quien quiera pueda cantarlas y seguirlas en su versión primera, ya que el libro lleva asimismo un CD con todas las nanas. 
    De entre todas las nanas que se incluyen en el libro voy a destacar una por motivos puramente personales. Se trata de Dona, Dona, una composición en yiddish que yo conocí hace muchísimos cantada por Joan Báez en una cinta de cassette que mis padres escuchaban en casa y en el coche. En aquel entonces desconocía que se tratara de una nana y que su lengua original fuera el yiddish (yo creo que hasta desconocía que hubiera una lengua llamada así, de hecho), pero algo realmente hipnótico debía de tener ese estribillo en el que se repetía muchas veces una sola palabra (Dona dona dona dona dona dona dona do dona dona dona dona dona dona dona do) como para que quedara grabada en mi memoria hasta mi adultez. 
    Dona Dona es una nana especial, no solo por la belleza y delicadeza de la música, sino por la letra, que propone un problema existencial sin solución: 

Es un ternerito subido a un carro,
atado con una cuerda. 
Allá arriba en el cielo, un pajarito vuela,
se divierte y revolotea por todas partes. 

Estribillo: 
El viento ríe en los trigos,
ríe y ríe y ríe.
Ríe todo el día
y la mitad de la noche 
Dona, dona, dona dona... 

El ternerito muge, el campesino le dice: 
¿Quién te manda ser un ternero?
Podías haber sido un pajarito.
Podías haber sido una golondrina. 

Estribillo 

A los pobres terneros se los ata 
y se los lleva al matadero-
Pero el que tiene alas puede volar lejos 
y no es esclavo de nadie. 

    Como se ve, las nanas no siempre sirven para apaciguar a los niños, sino también para hacerles partícipes desde la cuna del gran absurdo que puede ser la vida. 
     La canción, como he dicho, antes fue popularizada en su día por Joan Báez, con una letra en inglés que se puede leer en este vídeo:


   
   Pero también está disponible en youtube una versión en yiddish de la famosa cantante israelí Nehama Hendel:




AA.VV., Las más bellas nanas del mundo, Madrid, Kókinos, 2011.

lunes, 13 de junio de 2016

Trece / Thirteen


Baldallo, Luna (texto), Baldallo, Ana (ilustraciones) y Schimel, Lawrence (traducción), Trece / Thirteen, Sevilla, Ediciones en Huida, 2015


Este libro refleja en sí mismo varias de las tendencias actuales de la poesía infantil  en español. Por un lado, ha sido publicado por una  editorial pequeña, que decide arriesgarse al editar un libro de poesía infantil. Esto es cada vez más habitual en el panorama literario de nuestro país, pues muchas de los poemarios más interesantes se están publicando en sellos pequeños y muchas veces son el resultado de la perseverancia de una persona o un grupo de personas que luchan por sacar a la luz un proyecto en el que creen, en no pocas ocasiones a través incluso del micro-mecenazgo. Por otro lado, se trata de un libro bilingüe, que se ha publicado directamente en inglés y en español.  Ambas versiones conviven en las mismas páginas, una solución que cada vez más frecuente en España, donde parece existir cierta obsesión por el bilingüismo en los ámbitos educativos. El resultado de dicha decisión podría ser discutible a no ser porque en este caso se ha optado por dejar la traducción en las mejores manos: las de un escritor norteamericano bilingüe y residente en España, Lawrence Schimel, que ha publicado libros tanto en español como en inglés y que además es autor de un buen número de obras para niños. No se me ocurre una mejor opción para una tarea tan delicada como traducir poesía infantil, en la que es tan importante el ritmo y la sonoridad, y desde luego el resultado, al que luego haremos referencia, es óptimo.
Así, pues, este Trece/Thirteen es un trabajo a seis manos, pues al tándem de las Baldallo (Luna en el texto, Ana en la ilustración), que ya dieron el do de pecho con un libro tan valioso y bien editado como Concierto para Rigoberto, ya reseñado aquí y buen ejemplo de proyecto perseguido por sus autoras, se une en este caso Schimel para ofrecernos un poemario para niños ilustrado y en doble versión español-inglés. Ahí es nada. Cualquier reseña sobre este debe, pues, hacer referencia a estas tres calas, pues las tres se imbrican para hacer de este libro lo que es.
Empecemos, pues, por el texto. Como muchos otros libros de poesía para niños, Trece tiene une trama narrativa que une las distintas composiciones y que crea un hilo conductor claro, menos evidente que el de un relato puro y duro, y más fragmentario, pero perfectamente reconocible para los lectores. En este caso, la historia narra la relación entre una voz poética claramente infantil (a la que las ilustraciones identifican como una niña pelirroja) y una gata negra que se llama, precisamente, Trece. Dicha relación entre esta niña atónita, que en los distintos momentos del libro refleja a la perfección el estupor que produce la convivencia con los gatos (“Así es doña Trece, / mi gata sigilosa, / paseando su negrura / como una diva ociosa”), se desarrolla durante doce poemas, y no trece. No son trece porque la última palabra del duodécimo, y por lo tanto de todo el poemario, es “Trece”, que aparece además en una tipografía más grande que el resto del texto. Esto demuestra un extremo cuidado en la estructura del texto, que además queda de manifiesto en la manera en que Luna Baldallo, que parece ser consciente del peligro de caer en la monotonía un libro como este, ha decidido variar tanto los tonos como los metros y la tipografía del poemario, aunque predomine el arte menor, así como la extensión de las diversas secciones. 
Para las ilustraciones parecen haberse tomado las mismas decisiones; nada raro, pues este es un libro concebido realmente a cuatro manos, por lo que se ve muy bien la confluencia entre el texto y las imágenes. Un poemario con un tema claro como este, con el protagonismo del gato y la niña, corre también el riesgo de caer en la monotonía en las imágenes, que Ana Baldallo evita sobre todo variando las composiciones y las soluciones adoptadas. Hay, sobre todo, un acierto general en las ilustraciones, que consiste en plasmar a través de ellas el carácter escurridizo e imprevisible de los gatos, al que aluden igualmente los versos (“Si la llamo, no se mueve”; “Mala gata que se escurre”; “En las noches de luna / no veo a trece”). Por ello, son varias las ocasiones en que la gata Trece desaparece del plano. En la página 15, por ejemplo, solo vemos su cola, que ocupa casi toda la página, y que aparece convenientemente difuminada. Asimismo, tanto la cubierta como la portada nos muestran a Trece en primer plano rodeada de hojas, con los ojos claramente destacados, en un contexto natural que incide en el carácter semisalvaje de los gatos y su condición de felino. Al mismo tiempo, en algunas ocasiones se incluyen varios hallazgos visuales que bordean el poema visual, como, por ejemplo, el corazón traspasado por una espina de pescado o el platillo de comida lleno de corazones.
En cuanto a la versión en inglés, si traducir poesía infantil no es tarea fácil, aún no es menos hacerlo del inglés al español, pues se trata de dos lenguas de morfosintaxis y sonoridad muy distintas, lo cual es especialmente palpable en la lírica. En este sentido, la traducción no es, afortundamente, absolutamente fiel, porque  Schimel parece haber optado por mantener el ritmo y ser fiel al espíritu del texto en general. Para ello, en ocasiones el traductor debe renunciar a ciertos paralelismos del original (por ejemplo, “Si quiere dormirse, duerme. / Si quiere dormir, se duerme / para no jugar conmigo” se convierte en “If she wants to sleep, she sleeps. / Sometimes she falls asleep / so as top lay with me”), pero en general se las arreglar para mantener la rima (“Hay algo en esa rota / silla de hierro. / ¿Es Trece paseando / su pelo negro” en inglés pasa a ser “There’s something sitting / on that iron chair. / Is that Thirteen / with new black hair?”), aunque a veces se vea obligado a renunciar a ella en aras del ritmo. También hay soluciones acertadas que tienen que ver con la adaptación cultural, como, por ejemplo, “Caramelos, chocolates y turrón; / verduras no, fijo que hay un montón” se traduce como “Candy and chocolate and other sweet edibles; / they’re sure to have nothing but vegetable”.
Con todo, la traducción pasa con nota la prueba de la lectura en voz alta, y sin duda da a este poemario un público lector potencial más amplio, algo que, por el cuidado con el que ha sido concebido, merece. Como único pero podría aducirse que tal vez el libro habría salido ganando en un formato mayor, de gran álbum. Pero así funciona igualmente, y ya se sabe que los pequeños sellos editoriales no siempre pueden elegir los formatos en que publican sus obras. En cualquier caso, es de agradecer que hagan todo lo posible por hacer que libros que este lleguen a nuestras manos.

https://www.edicionesenhuida.es

http://somosabracadabra.com

https://www.facebook.com/lawrence.schimel

viernes, 10 de junio de 2016

El clásico de la semana...

 
  En un día como hoy, muy caluroso y con protagonismo francés (malgré tout), el clásico de la semana solo podía ser este bellísimo poema de la aristócrata y poeta francesa Anna de Noailles (1876-1933). Porque sí: llega el verano y un infinito placer de vivir empieza a extenderse sobre todos nosotros.

Chaleur 

Tout luit, tout bleuit, tout bruit,
Le jour est brûlant comme un fruit
Que le soleil fendille et cuit.

Chaque petite feuille est chaude
Et miroite dans l'air où rôde
Comme un parfum de reine-claude.

Du soleil comme de l'eau pleut
Sur tout le pays jaune et bleu
Qui grésille et oscille un peu.

Un infini plaisir de vivre
S'élance de la forêt ivre,
Des blés roses comme du cuivre.

sábado, 21 de mayo de 2016

El clásico de la semana es...

   
   
   La editorial Kalandraka no ceja en su empeño de seguir rescatando y reeditando clásicos infantiles, afortunadamente. A veces se trata de nuevas ediciones y traducciones de obras ya publicadas y a veces de primeras ediciones en las distintas lenguas peninsulares de clásicos indiscutibles de otras lenguas. En esta ocasión rescata ¿Quién compra un rinoceronte? (Who Wants a Cheap Rhinoceros?), un clásico del gran Shel Silverstein (1930-1999), autor de joyas como La parte que faltaba o El árbol generoso, que ya fue publicado por la editorial Lumen en la década de 1990, aunque ahora aparece con nueva y acertadísima nueva traducción en verso de Miguel Azaola. 
   ¿Quién compra el rinoceronte? tiene el inconfundible sello de Silverstein en el texto, que combina a partes iguales el humor, la ternura y un punto de sinsentido muy anglosajón, y las ilustraciones, que se valen únicamente del dibujo y de recursos propios del cómic para crear un mundo propio y personal al que no le hace falta el color para ser expresivo, lo cual es sin duda el sello de los grandes ilustradores. 
   Publicado en formato de álbum, ¿Quién compra un rinoceronte? tiene, como dice Nodelman, el poder de proyectar detrás de su apariencia sencilla y desprovista de pretensiones una sombra mucho más completa, una virtud que es el privilegio de las grandes obras infantiles. Introduciendo un elemento disonante, el rinoceronte, en medio de una plácida cotidianidad reconocible, por su desnudez, en gran parte del mundo, Silverstein nos habla en el fondo de lo que nos habla cualquier obra literaria y, sobre todo, poética: de la necesidad de mirar más allá de lo que nos rodea y de cómo funciona la imaginación, que, como bien sabía Rodari al proponer la idea del binomio fantástico, no consiste tanto inventar cosas nuevas como en combinar de manera distinta lo que ya conocemos o en introducir algo nuevo en un contexto que en principio le es ajeno.